Una charla con Deltatron a raíz de ‘Ritmo Diablo’

Deltatron es una de las figuras clave para comprender cómo funciona la revolución musical latina que viene colonizando el mainstream americano y consolidándose en Europa, esa latin new wave que se cuela en las listas de streaming, tiene sus propias fiestas y generan gran cantidad de contenido en medios y espacios donde su presencia nunca había sido relevante.

Su trabajo como productor ha resultado esencial para la consolidación de iconos contemporáneos de lo que él denomina artistas latinas de música urbana como Tomasa del Real, La Favi o Ms Nina.

Hablamos también sobre la disquera que dirige, Terror Negro Records, que la pasada semana presentaba el primer release de 2018: un compilado de música instrumental afroperuana titulado ‘Ritmo Diablo’.


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‘Ritmo Diablo’ es la nueva referencia de Terror Negro Records, que viene posicionándose como uno de los labels latinoamericanos de referencia con lanzamientos como el último trabajo de La Favi o más recientemente ‘Ego Trip LP’, firmado por ti mismo, así como un buen número de recopilatorios con uno o varios productores a cargo. La finalidad del sello, según leemos en Soundcloud, es promover la piratería y vandalismo cultural. ¿Qué convierte a lo editado por Terror Negro Records en algo contracultural?

Ese lema está desde el comienzo de la disquera porque así fueron nuestros inicios. Cuando comenzamos hace como 7 años, la música era bastante sampleada y no podíamos vender los tracks sino regalarlos por SoundCloud o Megaupload o hacer CD-RS. Nuestros artes o diseños tenían referencia o pedazos de otros artistas y eso era una forma de tomar algo que ya existía y hacerlo nuestro, sin pagar regalías ni entrar en el mundo mercantil.

La piratería, que es una forma de vandalismo cultural, está muy enraizada en la sociedad peruana y latina. Es una industria millonaria que permite que miles de familias sobrevivan día a día, es una fuerza económica. Pero también tiene mucho de revancha cultural y de democratización de la cultura. En Perú, la piratería a veces es la única forma de que la gente tenga acceso a mucha películas, libros y música de otros lados, y una forma de revancha porque los tratos económicos entre países del tercer mundo y los del primero son siempre injustos; es una forma de devolverles el favor a muchas corporaciones de entretenimiento.

Cuando comenzamos a ver que nuestros tracks aparecían en compilados CD-R que se vendían en los epicentros de la piratería eso fue como un honor.

Creo que desde hace un año la disquera ha cambiado porque ahora es más oficial y nuestros lanzamientos están en todas las plataformas, entonces los códigos cambian un poco. Creo que la subversión es más que todo ideológica, pero a veces práctica.

Siento que la disquera ha madurado y cada vez se trata de encontrar conexiones entre cosas que parecen disímiles. El disco de Turbo Sonidero (Killa Kumbias, 2016) tiene muchos samples de música americana, pero la esencia es la cumbia de baja California o del norte de México; esas conexiones son importantes. Demostrar que el Trap y la música de DJ Screw estuvo fuertemente influenciada por la cumbia sonidera y rebajada. El disco de La Favi (Reir y Llorar EP, 2017) es un disco de música urbana, pero no hay muchas mujeres hablando de estas cosas de desamor y desnudándose emocionalmente sobre estos ritmos agresivos. Al menos no había hasta hace unos años cuando comenzó a salir Tomasa, Ms Nina, etc.

Eso me interesa hasta ahora, hacer cosas que sean distintas y la gente pueda entenderlas.

Lo que sí queda claro es la apuesta por trabajar con artistas peruanos, imaginamos que tratando de fortalecer y visibilizar una escena mediáticamente discreta, donde posiblemente, a nivel de producción, seas tú mismo el rostro más conocido. ¿Cómo podrías sintetizar la actualidad contemporánea en Perú a nivel musical? ¿Qué música escuchan los chavales en los móviles? ¿Hay muchas diferencias con respecto a un país como México, por poner un ejemplo?

Perú y México son dos países y culturas que se parecen bastante. México es como el hermano mayor y en esteroides de Perú y tienes varios puntos en común: los dos aman las cosas picantes, los dos usamos la palabra “cholo”, los dos tenemos pirámides y culturas milenarias, los dos tenemos perros oriundos que son muy parecidos, los dos son epicentros de la conquista, etc.

Creo que la mayoría de jóvenes mexicanos y peruanos escuchan mucha música urbana y mucha cumbia en sus móviles, en los buses, en las fiestas. En el caso de Perú hay nichos para todo, pero la gran mayoría ha crecido oyendo reggaeton y cumbia. Conocen el dembow desde antes de La Gasolina y la música puertorriqueña urbana es la que domina toda Sudamérica, sobre todo la que sale de Miami.

Me encantaría ver más mexicanos, colombianos, peruanos en la música urbana, lucho por eso. También se escucha mucha cumbia regional, que cada vez es más elegante y que ha subido su status durante las últimas décadas.

En el caso de la electrónica, claro que hay una movida de , pero es muy eurocentrista y gentrificada, mucho tech house. Hay algunos colectivos haciendo cosas interesantes pero el rango es muy pequeño.

‘Ritmo Diablo’ nos presenta un total de 12 cortes que, con raíz en ritmos afroperuanos, evolucionan su sonido desde enfoques electrónicos muy variados. ¿Cómo explicarías esa tendencia tan extendida en artistas y consumidores que consiste en acoplar ritmos tropicales a atmósferas e intensidades club? ¿De dónde surge?

Creo que es normal. La gente se aburre muy rápido y creo que la esencia de la cultura es la mezcla. Siempre ha sido así. Cuando nosotros comenzamos a hacer cumbia lo hacíamos porque estábamos aburridos. Además éramos una nueva generación de chicos que habían crecido oyendo cumbia de sus papás o tíos, pero teníamos otro bagaje sonoro. Los puristas nos criticaban pero nosotros nos reíamos porque hacíamos lo mismo que hicieron los cumbieros de los 70s, mezclando cumbia con rock.

Por otro lado creo que la música club se ha pasado los ultimos 20 años reciclando y mezclando el House y el Techno y creo que mucha gente se cansó de eso y busca nuevos sonidos.

Este compilado es distinto. No sólo porque es música afroperuana costeña y no música tropical andina, si no porque no hay una escena. En Perúno hay una escena de música afroperuana electrónica. Hay referentes y bandas que lo han hecho, algunos con excelencia y otros no, pero no hay fiestas de esto. Lo que hay son productores que comenzaron a usar esta materia prima rítmica, que es muy rica, y comenzaron a explorar. De eso se trata este compilado. Ninguno de los artistas es afroperuano, todos son criollos o mestizos, pero eso no les niega el derecho de usar estos ritmos y llevarlos a otros niveles. Creo que a partir de estos experimentos se puede comenzar a trazar un camino, como pasó con el movimiento de cumbia digital.

Es bueno retribuir. Cuando yo era niño, mi papá era el único blanco de un movimiento pro afro y me llevaba todos los veranos a pasar semanas en El Guayabo, un pueblo del sur de Lima que es parte de la diáspora afroperuana en Chincha. Ver las diferencias en la infraestructura de los pueblos, lo olvidadas que están sus necesidades, creo que formaron mi mente de una manera más amplia y siempre le agradezco por eso.

Los amigos que conocí ahí ahora han migrado a Lima buscando oportunidades y puedo ver cómo el sistema está creado para siempre relegar a lo que no es blanco. El racismo es real, y es enseñado. Por eso me parece importante mostrar que tanto la música afroperuana como la andina se han desarrollado muchas veces lado a lado, mano a mano. Gran parte del legado musical y cultural del Perú nace del cruce de razas. Puedes verlo en la danza originaria «Son de los diablos» donde los instrumentos y los arreglos vienen de distintos lugares.

Para mi ésa es la escencia de la creación cultural, la mezcla, la comunidad. Las entradas de la fiesta del lanzamiento del disco va ser dedicada al Centro Cultural «Amador Ballumbrosio», que se está formando en Chincha. Ya está el local adquirido, sólo falta implementarlo y la idea es ir y hacer talleres de música electrónica para los jóvenes que tienen ese interés, pero normalmente ni hubieran imaginado tener esas herramientas. Quién sabe, tal vez de ahí salga el próximo gran productor o DJ de nuestra escena.

¿Cómo estáis viviendo los artistas latinos la posibilidad de abriros un camino profesional con la música precisamente por este contexto ahora más favorable a vuestro bagaje musical?

Creo que es inevitable. La cultura latina siempre ha sido relegada y ahora por fin está teniendo artistas en lo mainstream, sobre todo en Estados Unidos. El Billboard este año estuvo dominado por música urbana hecha por latinos y los Grammy van a tener más performances de latinos que antes. Eso es recontra positivo considerando que los latinos tienen sus propios premios.

Creo que es una ola que va ir creciendo y en verdad sólo queda seguir trabajando. Yo veo EEUU como un gran mercado y donde me gustaría que la disquera crezca, por la gran cantidad de gente que hay que habla español o es decendiente.

Pero también creo que la idea de la latinidad se tiene que ir desarollando. Es un gran abanico cultural, que abarca un montón de países y razas. A pesar de que la escencia de lo latino viene de Europa y las lenguas romances, que la cultura latina se desarolle en latinoamérica bajo tantos parámetros distintos me hace orgulloso, por que es una cultura que se basa en la apropiación, la adaptación y el desarrollo de cultura por medio del intercambio y el diálogo. Eso me alegra mucho porque creo que ésa es la gran lección que le podemos enseñar a países del primer mundo, donde las razas y los credos están tan divididos y diferenciados. Tengo fe.

La sensación aquí en España, y por extensión Europa, es que se está experimentando una especie de venganza cultural, algo que apuntabas al principio en relación a la piratería. Tras una colonización deshumanizada ese modelo político occidental, explotador de terceros países, eurocentrista y capitalista ha generado, para poder crecer, la propagación de un movimiento migratorio muy importante. Chavales, hijos de latinos de todas partes, fueron quienes traían en sus reproductores mp3 los primeros temas de reggaeton al continente. Esos latinos anónimos son en gran medida quienes han facilitado el crecimiento de esa escena que estás describiendo, que ha permitido después colonizar incluso la acentuación del hip hop español, la jerga. ¿Es descabellado hablar en estos términos o crees que sí pueda ajustarse a la situación actual?

Totalmente, lo que decís es cierto. Pero también es cierto que es un fenómeno que existe desde que la música urbana se creó, o desde antes, desde que el rock era un fenómeno rural. La música de los ghettos, o de las partes marginalizadas, siempre tiene a gentrificarse, a blanquearse. Es normal que la gente de los países del tercer mundo quieran un futuro mejor, con más oportunidades y al viajar llevan consigo su música. Lo importante creo que es siempre darle el espacio necesario a los reales agentes de creación de esas expresiones. Está bien si descubres el reggaeton con La Mafia del Amor pero descubrir los mixtapes de Playero o los primero Flow de DJ Nelson te va a dar una visión más amplia de todo el género.

Yo lo veo como algo ridículo a veces, intentar mantener la pureza cultural. O sea, me refiero a cómo muchas veces los euroblancos reniegan de los inmigrantes y de la música o cultura que ellos traen cuando gran parte de las bellas artes, la arquitectura, la matemática de la que gozan fue traída o robada de los moros que conquistaron España tantos siglos.